martes, 2 de noviembre de 2010

Qué vaivén entre alarde y agonía, todo lo confundía.

"Cuando aprendí a tragar fuego el circo ya se había ido de Albacete a Nueva York...

La vida sabe bien, sabe a noviembre, la vida sabe al mes y pico que queda para las próximas vacaciones. Y yo ya no sé si un mes y pico es mucho tiempo o es quizá demasiado poco, porque perdí esa capacidad antes tan mía de saber a ciencia cierta qué y quién me espera al bajar de cada autobús. Y porque yo ya no sé a quién tengo que echar de menos ni cuándo y esté donde esté siempre me falta una palabra, una caricia, un abrazo en el momento justo. Así que, cada día, cuando llega la hora de hacer inventario, recurro a ese roce que vive dentro de mí y me pierdo en el recuerdo de hace horas o de hace años. Y sí, claro, cómo no, extraño muchas cosas, extraño mi casa, a mi familia, extraño una noche de marzo que marcó y otra de agosto, extraño el verano y el tedio, la alienación que nos auto-impusimos, extraño la locura de los días, los compañeros de otros viajes que ya llegaron a puerto, el frío invierno de quién no sabe adónde ir, extraño sufrirte un poco los domingos, jugar por jugar, beber y confesar otra idiotez, extraño miraros y saber que me entendéis, discutir por alguna chorrada, tener ganas de mataros un mal día. Extraño ese mundo que sigue siendo mío, ése al que acudo sin la máscara de diario; que no quiere decir sin ninguna. Extraño sólo atisbar de lejos el excéntrico presente pero amo la esencia inagotable de estos días.

[...] ...el hombre bala se enfada, su pólvora está empapada de tanto decir adiós".

2 comentarios:

  1. Y extrañar no resulta extraño sino que forma parte de nuestro equipaje.

    ResponderEliminar