viernes, 1 de abril de 2011

Infinita ingenuidad

La cama en el centro de una habitación inmensa, lámparas rojas. Fotos en las paredes, ven, acércate, puerta y ventanas blancas, cortinas verdes, no puedo hacerlo. Antes de vivir como si ayer hubiéramos muerto, nunca lo has intentado, antes de ser un número, un código, con mucha suerte un nombre no elegido; tengo miedo. Antes de los días eternos, de las semanas efímeras, antes de llorar sin razón, que es, en realidad, como habría que llorar siempre; antes de las llamadas sin respuesta, yo también. En pleno apogeo de sueños mediocres, de malas caras, de las mismas ganas del no sé qué que nunca llega; antes de la sobredosis de segundos evidentes, antes de escapar inmóvil. Y... ¿si no nos hubiéramos conocido?. Cuando el desayuno era ilusión con sacarina, no seas cursi, antes de caer, mucho antes del rescate, esta vez has de saber que no te escribo, cuando pasado y futuro no existían, lárgate, antes de tú, ojalá me lo hubieras pedido hace siglos, cuando yo, te quiero, después de ti.
 
¿Por qué?