martes, 29 de enero de 2013

Y hacerle el boca a boca a tus indecisiones.

Aunque este invierno no sea
el invierno que soñé para nosotros
-y no hablo de faltas 
ni de lágrimas
sino del mal gusto meteorológico
de este enero insaciable-,
sí son esas las manos
a las que quiero huir
después de todos mis naufragios. 

Aunque le falten horas 
al reloj de tu cocina
y te encrespes como un gato
entre pitarras, café y galletas
cuando te sorprende el sol,
no tengo alternativa:
o nuestras pequeñas complicidades
-también las matinales-
o la ruina.

Aunque seamos incapaces
de contar hasta cinco
y no me tomes en serio
si son más de las doce
(por eso me estoy dando prisa)
no imagino un final más dulce
que saltar desde mi ayer
a tu mañana
y hacerle el boca a boca
a tus indecisiones.

Me trajiste el amor hasta los labios
y señalaste el verano sobre el mapa.
Es aquí, dijiste.
Supongo que pude ver en tus ojos 
que se estaba acabando la soledad
- de mi pecho se bajaba
un hombre gris con gabardina.

Marwan

martes, 1 de enero de 2013

Tenemos memoria, tenemos amigos, tenemos los trenes, la risa, los bares.

Cómo resistirse a hacer balance de otro año par cuando me veo, doce meses después, con más kilómetros en la maleta que memoria y fotografías. Comenzó 2012 sin pretensión de inolvidable y el serlo más se debe a adversidades que a buenas historias que merezcan ser contadas. Pero yo también sé jugarme la boca y al final, además, siempre gano. 
Mi memoria selectiva casi ha pasado por alto los crímenes perfectos que cometí, las tormentas que nos cobijaron alguna que otra madrugada, los planes que fueron papel mojado, las vidas que se estrellaron contra el asfalto y las que se van consumiendo junto a mis dudas, las sombras del cuento que nos contaron, lo oscuro de aquella calle sin salida, las páginas que leí sin empaparme, la calculada ausencia de lo prohibido y el tiempo perdido en tierra de nadie. Ha olvidado, incluso, quién fui. Y, como no acierta a comprender quién soy ahora, me estoy aprovechando. 
En el hueco inmenso que va a dejar todo eso de cuyo nombre estoy empezando a olvidarme pienso guardar para ese ya lejano 2012 un sinfín de buenos ratos que han calado tan hondo que no pueden hacerle sombra ni el doble de contratiempos. Para este año que empieza no es mucho lo que tengo planeado, nunca acierto, no me van los propósitos transitorios, sólo le pongo una condición: que no me falte nada, ni siquiera obstáculos que me recuerden que estoy viva; que tenga siempre billetes de tren y ganas, un buen libro y alguien con quien sentarme a mirar ese rincón del mundo que aún no conocemos; que haya poesía en la mesilla y en el día a día, compañeros de viaje tan incondicionales como hasta ahora, una voz amiga capaz de censurarme, nublados atardeceres de película y películas que nos iluminen; que existan para nosotros utópicas ciudades que inventar desde esa otra a la que tanto debo y no perdamos la ilusión que requieren todos los proyectos ni el color del que se han teñido mis tardes de domingo.



Tenemos naufragios soñados en playas
de islotes sin nombre ni ley ni rutina,
tenemos heridas, tenemos medallas,
laureles de gloria, coronas de espinas.

Tenemos caprichos, muñecas hinchables,
ángeles caídos, barquitos de vela,
pobre exquisitos, ricos miserables,
ratoncitos Pérez, dolores de muelas.

Tenemos proyectos que se marchitaron,
crímenes perfectos que no cometimos,
retratos de novias que nos olvidaron,
y un alma en oferta que nunca vendimos.

Tenemos poetas, colgados, canallas,
Quijotes y Sanchos, Babel y Sodoma,
abuelos que siempre ganaban batallas,
caminos que nunca siempre llevaban a Roma.



Más de cien mentiras - J. Sabina