miércoles, 28 de noviembre de 2012

Defender la alegría de la retórica y los paros cardíacos, de las endemias y las academias.

Sucede continuamente: nos miro y no nos reconozco en espejos ni periódicos que nos tachan de utópicos y violentos, de formados y desinformados, de muertos y vividores. Y ni siquiera nos sentimos insultados porque ni tú ni yo hemos tomado parte de ese conjunto cargado de cifras casi siempre en negativo. No tenemos deudas ni con las veces que no nos atrevimos; tampoco hemos vivido por encima de las posibilidades de nadie. De hecho, al margen de su santa economía, de sus malogradas finanzas imposibles y de su impúdico lenguaje equívoco, seguramente lo hayamos hecho muy por debajo de nuestro verdadero potencial. Somos palabra cargada de futuro, no podemos olvidarlo. Esta generación no navega a la deriva, está luchando aún por salir al mar. Esta generación sabe -como otros tantos ignoraron- que hay más por hacer que por destruir. Esta generación no está perdida, está más que encontrada en la idea que de nosotros venden -y muy cara- quiénes no nos conocen todavía.

Y sal ahí
a defender el pan y la alegría
y sal ahí
para que sepan
que esta boca es mía.

Esta boca es mía - Joaquín Sabina


domingo, 18 de noviembre de 2012

Ahora que tocan los ojos, que miran las bocas, que gritan los dedos.

¿Tienes frío? Hace un día precioso. Es crónico. ¿Vas a contármelo? Es fácil, siempre lo es. Alrededor de las ocho, dondequiera que esté, sopla el viento a este lado del camino. Y sopla libre ahora que he decidido esquivar todos los recodos y no hay desvíos ni peajes. Sopla y me hiela los huesos sólo por un momento, por uno breve y necesario. ¿Como cuando nos metemos en la cama sin miedo, sin estufa y sin calcetines? Más o menos. Pero este frío no intento evitarlo, ¿sabes?. No busco unos brazos tiernos, ni siquiera cordiales, me he deshecho del pijama de invierno, no quiero anestesia. No voy a hacerte daño. Lo sabes, ¿verdad? No me lo permitiría. Me conformo con que me prometas que no hay pausa ni prisa ni pena y que, como yo, has quemado tus naves. Con que olvides el nombre de Penélope al partir porque yo no sé adónde nos lleva este tren pero tengo claro que no viajamos en círculo. Con que saltemos sin que el viento nos corte la cara, con hacerlo lo suficientemente despacio como para, de ser tan conscientes del recorrido, nunca lleguemos al suelo. Ven. Dame la mano. ¿Así? Dámela como si siempre fuera viernes de verano al sur, domingo bajo cero en un portal, miércoles al sol por la mañana, tarde de jueves en cualquier autovía. Dámela porque mi piel está en deuda con la tuya, porque te debo en centímetros cuadrados mi parte de esta historia, porque nunca será suficiente. ¿Me quieres? Te conozco. 

Decir -y son tan sólo ejemplos- "hoy existe la vida
por nosotros"
o "tú no te morirás nunca"

Used words - J. L. Panero

lunes, 5 de noviembre de 2012

Cuando me hablan del destino cambio de conversación.

Llueve en Madrid y me gusta imaginar que será agosto con sólo cruzar la M-30, que estaré al otro lado indemne pero sabia, que no habrá recuerdo que duela sino saber hacer, siempre de nuevo y siempre la misma. Porque Madrid es la ciudad de mis desastres y mis curas, del miedo y los finales con morfina, de estas cíclicas huídas sin receta, de las calles que hago mías; esas en las que nunca para un taxi con destino predecible.
Pero es a la vez la ciudad del hombre que espera la muerte fumando un cigarro mientras con sólo un gesto ella le recuerda que todo lo tuvo y todo lo ha perdido, es la ciudad de una mujer ya entrada en años que lleva siglos vendiendo una mentira, es la de otra que sólo huyó a medias, la de una más que nunca dijo "basta" y tiene ojos de ceniza. También sus calles, sus plazas, sus portales abrazaron los últimos segundos de una anciana que me prestó su piel de marfil, su pelo negro, su amor por la poesía y por el arroz con leche.
Y Madrid es hogar de comienzos, es disparo de salida, es perderse cuando uno se sabe en casa, ciudadano del contigo, viajero de noviembre sin más equipaje que el camino que ha de recorrer. Y eso quiero hoy: kilómetros -también sin salir de la cama-, palabras como cuerpos, un mapa en blanco, memoria sólo para los atajos, esperanza y convencimiento, tú, que eres, y a mí, que me basta.


¿De qué voy a lamentarme?, 
bulle la sangre en mis venas, 
cada día al despertarme 
me gusta resucitar, 
a quien quiera acompañarme 
le cambio versos por penas, 
bajo los puentes del Sena 
de los que pierden el norte 
se duerme sin pasaporte 
y está mal visto llorar.

Cuando me hablan del destino - Joaquín Sabina