lunes, 13 de junio de 2011

Mi envenenada medicina

Es mucho peor correr por la cuerda floja, no hay comparación; al final, caer se hace hasta ameno. Suele ser un golpe fuerte, sí, pero el tiempo enseña a disimular todos los roces y parece que sólo duele cuando te acuerdas; como si mi maldita imaginación fuera capaz de conducir todos estos litros de sangre coagulada a un mismo punto, a ese puto punto. Pero no hay nada más nocivo, nada más nefasto, más dañino o más infame que la duda y el recelo, que el constante devenir de esa tristeza intoxicada. Quizá si pudieras mentirme, encantarme con un par de futuros ajenos o venderme algún remedio que no pudiera pagar sin hipotecar el pasado tendría sentido malgastar las horas ensuciando la hoja de atrás de aquellos cuadernos de matemáticas.



Y si amanece por fin y el sol incendia el capó de los coches,
baja las persianas,
de ti depende, y de mí, que entre los dos siga siendo ayer noche,
hoy por la mañana.

Y si amanece por fin - Joaquín Sabina


domingo, 5 de junio de 2011

Cuánto gané, cuánto perdí

Me pregunto si ahí, como en Madrid, seguirá lloviendo igual que cuando partimos. Ahora, cuando acaba de amanecer en esta orilla, no quema el sol pero lo hace el recuerdo; quizá no herido, con certeza empeñado a cambio de un par de borradores. Ni las fotos que ya no tienen cabida, ni las frases que no colgaré encima de la cama, ni las promesas que tanto fraguaron, ni la enajenación más compartida que deseada, ni tú, ni yo, ni siquiera nosotros derritiendo el mundo al tararear la melodía del desánimo. No queda sino el recurso a la presunta predisposición de los años, los trenes y el azar; poco podemos hacer desde esta cómoda nostalgia que posterga y capitula.


 
 
Bebo, apuro desperdicios de mi vida,
me recojo en la templanza de la tregua que me da
la anestesia del recuerdo.

Lápiz y tinta - El último de la fila