lunes, 29 de noviembre de 2021

.

Noviembre es una desembocadura
y no queda ya tarde
y no saben de mí quienes te lamen
y gestan en tus ojos la renuncia.
La calma, la oscura conquista
saberse al borde y comprender
la quietud de lo que ya no existe
la nitidez de lo que desconozco.
También eso ha nacido pese al frío:
quién recuerda un otoño como este.

Tenemos treinta años y lo somos todo.
Ya escribiré de ti 
cuando te pierda.



«¿Qué, de todo esto, será pantano, recuerdo, gajo desvaído de lo que alguna vez fue? Todos los desvelos vienen de no saber y de querer saberlo todo».
Leila Guerriero, Teoría de la gravedad


viernes, 29 de noviembre de 2019

.

No esperé así la vida:
paraísos perdiéndose
o batallas perdidas de antemano.

Aurora Luque

Entro a menudo aquí. No escribo.

En realidad, aunque abandoné la costumbre de publicar de tarde en tarde, nunca he dejado de leer estos caminos que sigo desde hace nueve largos años. Aquí encuentro, aún, amigos queridos desde entonces, a quienes a veces -me gusta- no reconozco del todo. Con otros, como yo disidentes obligados de sus periferias, comparto ahora ciudad, ideas y hasta oficio. Y a quien he leído y pensado hasta el agotamiento terminó por vivir en la calle de atrás, en un Madrid de más de tres millones de personas, antes de volver a marcharse para siempre.

También me leo. 
Nunca quise que esto fuera una suerte de diario personal y, por eso, me esforcé en inventar otras voces, en pensar el lenguaje, en no dejarme llevar por impulsos que tenían más de verborrea que de capacidad creadora. Sin embargo, a veces me asusto cuando no me reconozco. Y me obligo a buscar bien, a desenredar una madeja cada vez más seca y confusa, hasta encontrar la fina hebra que, detrás de cualquier mundo fingido, da sentido a unas palabras que, ahora, parece que escribí, como un regalo envenenado, solo para mí. Para reconocerme. Para que no se me olvide que soy, a modo de muñeca rusa, todo lo que he sido.

Ya sé que la vida irá con prisa: espero que se olvide de arrastrarnos.

Recuperar los miedos, las maletas, negar haber vivido esto contigo.

Allí nos intuimos. Como si, en vez de detenerse en ese instante, la vida hubiera seguido su curso irremediable (niños que salen de colegios, siempre intranquilos hombres de traje, trágico olor del sueño de otros). 

Hubo un tiempo en el que pude quererte. Supongo que hay decisiones que nunca se toman: están ahí, se cuelan entre nuestros recovecos, es imposible hacerles frente. Traté de seguir otros atajos. 

La alambrada nos ha nombrado adultos, pero nunca les ha quitado el miedo: todavía se despiertan, aseguran, si pronuncias su nombre en voz baja al otro lado del mundo.

Es pronto, amor, para el naufragiome aseguras.

A ciegas toco otras letras, me leo con una incredulidad casi cínica, violenta.

Toparse con una sola certeza: 
vivir es ver volver los miedos.

He llegado aquí otra, ajena
y erijo ayer en medida de todas mis cosas.

2019.
Sigo siendo una imprudente mental
y una cobarde en la práctica.

miércoles, 24 de octubre de 2018

Une autre.

El perverso placer de decir no,
de negarse, de huir, de rechazar, 
de dejar al marcharse los deseos ajenos
colgados de los sauces
como si fuesen cítaras o lágrimas
que ya no y todavía,
que los demás derraman.

Narciso y ecos
Juan Vicente Piqueras


Dominados los mitos
superadas -por fin- 
laxas expectativas.
He llegado aquí otra, ajena
y erijo ayer en medida de todas mis cosas.

El firme que imagino se evapora
y el agua me devuelve, cristalina,
el reflejo de un ser que no conozco.
Voy a darle mis manos y mi sed
todo lo que pretendo y se me escapa
un antiguo futuro incalculable,
el discreto placer del desconcierto.
Y acaricio sus ojos, los entorna
tuerce pronto la boca hacia la izquierda
fugaz, caleidoscópica, ligera
otra yo va directa a las cloacas.








miércoles, 14 de diciembre de 2016

.

Sondear el mapa

Elegir un ínfimo rincón
el menos malo
Confirmarlo: 
quiero deshacerlo todo
Programar la nostalgia
¿por qué me sabe absurda esta cerveza?
Sistematizar el vacío que dejan
mis escasas pertenencias
en una habitación con ventana a la tierra
y llenarlo de un olor que no me venza
Traducir -inventar- la encendida conversación de un vecino
Buscar un hueco entre las grietas de los otros

Toparse con una sola certeza: 
vivir es ver volver los miedos



domingo, 13 de noviembre de 2016

Rentrer.

Volver aquí es un acto de resistencia. Cada cierto tiempo, con mucho más de absurda melancolía que de feliz euforia, caigo en la tentación: deletreo un título, lasutopíasconhielo, que hoy es solo gas, y entre la niebla no acierto a distinguirme. A ciegas toco otras letras, me leo con una incredulidad casi cínica, violenta. Y me adentro despacio, recreándome en cada palabra traída con la certeza de que habría de volver a ella mucho después.

Este pez al borde del espasmo, más que nunca condenado al asfalto, hoy cumple seis años que se me antojan siglos, pero vino a mí en un tiempo muy distinto: hace más de dos mil días todo estaba empezando.

De aquel amor que me hizo fuerte ya solo quedan grietas, de las habitaciones y cervezas compartidas jamás recuerdo las noches en que no pude conciliar el sueño. Empezábamos a conocer un mundo nuevo, compartíamos, casi todos, un entusiasmo que, desde entonces, siempre eché en falta. ¿Quién no se deslumbraría viendo amanecer, tercio y tostada en mano, junto a quienes -pensabas- habían llegado para quedarse? Nos fascinaron libros, poemas, alcoholes, canciones, películas, cafés, silencios... ocio barato de lujo en la ciudad centrífuga.

Pero el giro inexorable de aquel eje también nos fue expulsando a nosotros. Y aún quisimos, al borde de un verano indiscutible, agarrarnos a las ruinas. Fue algo así como una demolición con explosivos, controlada, grabada por unos pocos nostálgicos que olvidaron recoger sus escasas posesiones.
Y allí, en cuanto giré la llave de la puerta de aquella casa mía que nunca más sería mi casa, supe que habíamos llegado demasiado pronto.



La luz del sol sobre los muros,

la resaca, las voces que te cercan,
los árboles que al fondo se dibujan,
los recuerdos que secan más tu boca,
el implacable escenario de tu herencia.
Sin embargo has venido, has vuelto
a recobrar tu patrimonio abandonado,
el espectro que tú llamaste vida,
lo que fue, lo que los años han dejado.

J. L. Panero

jueves, 27 de octubre de 2016

Un torrente de tiempo o un remanso debajo de la piel.

Estos cimientos serán mañana escombros
una finísima línea de humo
separa la reliquia de la ruina.
También el dolor caduca:
entre lo fugaz y lo que apenas vibra
hay solo un par de verbos de distancia.
El olvido tiene doble fondo
y recoge el rancio olor de los finales.
Lo noto: los sueños, los años, los añicos
lo sembrado, lo criado
se evapora al calor de la costumbre
aunque se siga clavando en el pecho.






domingo, 17 de julio de 2016

Sedimentación.

Estos poemas (y otros poquitos) acaban de ver la luz: la Editora Regional de Extremadura ha publicado la antología Piedra de toque. Quince poetas emergentes en Extremadura, en la que aparezco junto a catorce autores maravillosos gracias al buen hacer de Daniel Casado.


Me dices que es absurdo el universo,
que la vida carece de sentido.
Pero no es un sentido lo que busco,
cualquier explicación o una promesa,
sino el estar aquí y a la deriva.

Vicente Gallego

Día I
Ven a romper
aguas.

Viértete.

Es pronto, amor, para el naufragio,
me aseguras. Nos quedan todavía
más de doscientas noches oceánicas.

Por la mañana
un cuerpo flota a pocas millas.
Alguien te contará 
que he tocado tierra.

Está amaneciendo y tengo 
las manos encharcadas de quererte.

Día II
Concedes entrevistas, saludas
pendida de un pañuelo de papel.

Parece que esperaras
los restos de un lujoso desastre:
dime, ¿tú crees que saltó?

Hay un cuerpo que se ofrece
a bajar de tu brazo a la bodega.

Lo perpendicular de la luz te seduce.

No tengo prisa: bebo del mar y sé
que estas muescas a modo de memoria
mañana volverán a ser pulmones.


lunes, 30 de mayo de 2016

Concisión - concesión - confesión - confección.

Quizás lo que ocurre
es que me estoy sobreviviendo.

*

Tendré que empezar a pensar en la existencia:
nacer,
crecer,
reproducirte. 

*

La memoria
es un hábito:
repite, repite, acostumbra,
esconde, esconde, aprieta.

lunes, 16 de mayo de 2016

En esta decadencia calmada.

Ya no soy inocente.
Pero sigo buscando debajo de la grava
agua que huela, que manche, que entinte, que sepa
sobre todo, que sepa,
que venga de vuelta plagada de dudas, lega,
dispuesta a poseerme.
Ya no soy inocente.
En todas las batallas me falló la estrategia
la paz que busco suena, se mueve, desaparece
lo sé: es privativa, 
puedo ver cómo sujeta mi nombre y lo exprime
estoy seca, le duelo,
su ausencia me amamanta
y no crezco, ahondo,
sigo el rastro de un mineral suficiente
un mapa, un espejo, una razón que nos baste.


Hay una dignidad oscura en esta 

decadencia calmada, en este ejemplo
elevado de civilización
consiste en mirar, entre curioso
y distraído, cómo se derrumban
los ideales en que alguna vez
creíste, cómo ceden las defensas
frente al empuje de los bárbaros,
el modo en que las cosas se acomodan
a su insignificancia.

Javier Cánaves

martes, 29 de marzo de 2016

Aquel sol casi nos hace trizas.

"Conviene que no diga todo lo que pienso.
Me abrasaría la boca"
Carmen Camacho

Duerme un hombre en mi puerta: nadie lo mira.
Me adorno la tristeza.
Me cae sobre la frente una ramita
y se me vuelve enredadera. 
Alumbra las penas cotidianas
que me guardan las pupilas.

La sombra me cubre la boca
me protege
de mí misma.

viernes, 26 de febrero de 2016

Ausencia leve como carne de niño.

Para sacarle al tiempo las raíces
y perforar la tierra de mi infancia
y poner sobre el mapa lo perdido
como el que exige un trago, otro, otro
así mis manos suplican clemencia.

Han venido a deshacer nuestra casa
a lanzarnos al mar, a alimentarnos
con nuestra savia, con nuestra derrota
y nos hacen heridas las cadenas
si nos dejan abiertos los candados.

Redimidos, por la fuerza, culpables
de acariciar la piel que nos encierra
de amar esta prisión hecha a medida
un golpe bastará para sanarme
una palabra tuya me atraviesa.

Sin embargo, si me dices "mi amor"
siento un escalofrío
sea verdad o mentira.

Kirmen Uribe




miércoles, 17 de febrero de 2016

Vendo una jaula voladera de acero inoxidable.

La alambrada está cerca de mi casa.
Ya no pueden sus manos
detener el tráfico, subirnos
el rit mo
cardíaco.
La alambrada aminora los golpes
e impide el vuelo.
Nuestras madres no nos miran
jugar a las cabañas,
rasparnos las rodillas,
dormirnos al fuego, hacernos los dormidos.
La alambrada nos ha nombrado adultos
pero nunca les ha quitado el miedo:
todavía se despiertan, aseguran,
si pronuncias su nombre en voz baja
al otro lado del mundo.
Uno sabe poco, aún, pero recuerda
a qué lugar pertenece.

Me hicieron una oferta que no pude rechazar: esta jaula.
Carmen Camacho

martes, 12 de enero de 2016

.

Voy a seguir explorándote.
Voy a recorrerte de pelo a pelo a pelo.
Estoy buscando la raíz, lo que nos crece
en dirección contraria al espacio.
Entro en vena envenenando el mito
y voy a quedarme a este lado de la aguja
ondeando mi bandera de esparto.
Saludo a los que pasan con premura,
recojo lo que cae de sus bolsillos,
les tapo la boca a las señales,
y desde aquí condeno la esperanza
de encontrar el camino ya hecho.


Pasa el viento. Le llamo?
Jaime GIl de Biedma

viernes, 27 de noviembre de 2015

Y qué.

Existimos, en fin.
El superávit.
Los miedos, los mismos miedos,
Pero es la vida
que llega y amarra
y a veces, pocas veces,
tan
pocas
veces
se sigue simulando panorámica.
Y entonces una entiende
la gravedad de las cuentas
que no acaba de rendirse.
Lo lejos,
lo irremediablemente al fondo
que flotan
-porque flotan-
los restos boquiabiertos
de aquella que
-me empeño-
yo
ya
no
soy.

domingo, 18 de octubre de 2015

domingo, 11 de octubre de 2015

Mi propia profecía es mi memoria.

Hablábamos como si nunca lo hubiéramos decidido. Como si nunca nos hubiéramos decidido. Entonces, te aseguro, nos curábamos las heridas con pasión e indiferencia. Habíamos llegado a hacerlo de memoria. Y nunca seríamos tan sinceros como cuando aún no nos dolía. 
Supongo que pude ver en tus manos la espuma, el humo, las certezas, la resaca del tiempo compartido. Todas las víctimas, los cómplices, los escépticos. La suerte de lo que no se espera, lo duro del camino.

Ahora
que estamos de vuelta
con la fe congénita
de quien acaba de partir.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Gramática valencial.

Me río de Tesnière cuando te nazco
y al borde de tu vida te arrepiento.
Trueno, hago frío y hago tiempo que.
Pero antes de rendirte te amanezco.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Un arma tan precisa.

Y entonces,
              como si nada hubiera sucedido
y no fueran nuestras rutinas
presagio de final de verano,
chocó contra mi espalda la metralla
que unas horas antes
le había estallado en la boca.

viernes, 17 de julio de 2015

Estío. Hastío.

A veces me parece que hay algo de paz en todo esto.
Un no sé qué que me acompaña en mis horas más feroces,
como una sombra de camino a casa
ahora
que siempre vuelvo a horas decentes
y me saludan al paso las ficciones.
A veces me pregunto si no habrá algo de identidad en esta calma.
Una protesta, un himno, una mirada hacia adelante,
como si no tuviéramos bastante
hoy
cuando el éxodo es un lunes de septiembre
y el verano, un desfile de hojalata.
A veces me parece que hay algo de mentira en esta fuerza.
Un daño aparente, una tortura, un calvario para todos los públicos.


miércoles, 15 de abril de 2015

Borrar o ser borrados, tanto da.

Y pienso: es extraña la facilidad
que algunas ciudades tienen
para hacernos creer que ya son nuestras.


Víctor Martín Iglesias


Aún recuerdo cómo comenzó el asalto. Supongo que la vida, con sus cauces aparentemente naturales, ya me habría acercado antes a su desfiladero. Pero eso nunca lo sabremos: no queremos saberlo. La lluvia me sorprendió en el momento preciso: necesitaba una razón para inundarme. Si me esfuerzo en vencer lo selectivo de mi grata memoria, soy capaz de distinguir sus ojos entre todos los ojos que se me han clavado en la espalda. Ahora parece que permanecí todo ese tiempo en las cloacas: la ciudad estiraba sus márgenes allá arriba, afilaba las puntas de los tejados y apuntaba a las nubes. Daba cobijo a los viajeros y se dejaba hacer. Me acostumbré a mirarla a través de las ranuras, aprendí a unir todas sus piezas. Creí que no podría engañarme como al resto.

Por los años de asfixia os llevo ventaja y, sin embargo, sigo llegando tarde a las certezas.