martes, 17 de febrero de 2015

La historia es un instante preferido.

Aquel mes celebró el telediario
un par de aniversarios rimbombantes.
Se prolongó el verano, aseguraban:
desde 1938 no se han visto
29 °C a la sombra
en Zamora y en aquel
pueblecito de El Bierzo
de cuyo nombre siquiera 
pretendo acordarme.
Entre agosto y octubre
subió el gasto medio por familia
(siempre me pareció desorbitado
lo de aquellos uniformes anodinos),
llegaron de Hollywood dos o tres taquillazos
y se llenaron de agua dulce
los garajes del este.
Aquella semana, no lo dudo, hubo partido
(el partido del siglo, otra vez, dirías).
Aquel jueves subió el precio del barril
(siempre, siempre a punto
para jodernos el fin de semana,
decía, seguro, mi vecino
que sigue sin salir de nuestro barrio).
Y aquel viernes de sol traería
más de diez mil desplazamientos
y un recital absurdo
a la salida de las grandes ciudades.
Tampoco se olvidaron de anunciar el otoño,
aunque volvió a llegar a destiempo
(era el comienzo de estación más caluroso, seguro,
desde que se tienen datos).

Y ya faltaba menos
para Navidad.



Nada tuvo, a mi pesar, de raro aquel septiembre.

jueves, 12 de febrero de 2015

Cuántos días baldíos haciéndome pasar por lo que soy.

Vas a cerrar la puerta. Será tuyo el desierto al que tantas veces creíste ir a beber. 
Comprobarás que solo crece lo que es capaz de resistir a las espinas: las espinas.
¿Será posible que ya no vuelvas nunca?
Hay un río cruzando esta ciudad. Discurre por debajo de la arena y no sabe de muertes ni de barcas.
Cuántas veces te ha sorprendido el día buscando tu reflejo entre la grava. Cuántas noches te desveló el zumbido del agua.
Que no desemboca.
Encontrarás la forma de decirme que uno se transforma en lo que busca: serás solo palabra.
¿Hay un río cruzando esta ciudad?
Sé de un dolor que se parece a la alegría. Parece inofensivo y te destroza. Doble rasero, doble moral; olvidarás la mejor forma de nombrarlo.
Al borde de qué abismo dejaste aquel viejo vivir sin condiciones.
Por qué en el punto medio ha de estar la virtud.



viernes, 23 de enero de 2015

En un hotel sin dramas. Esta vez.

Hubo un tiempo en el que pude quererte.
Supongo que hay decisiones que nunca se toman: están ahí, se cuelan entre nuestros recovecos, es imposible hacerles frente.
Traté de seguir otros atajos. El ruido de tu pelo siempre lejos del mundo. Nuestros pies escapando del presente.
Hubo un tiempo el que quise quererte.
Busqué donde poco antes te encontraba y ya no éramos. Nunca más el desnivel de tu risa, el subir y subir de todo lo que nos contamos.
Instrucciones para sortear lo obvio eternamente.
Amplias trayectorias siempre en círculos. Historias geodinámicamente imposibles.
To be or not to be: esa sí que era la cuestión.
Me acostumbré a recordarte como quien se acomoda al pasar del invierno: sin saber con certeza cuándo acabará este frío, consciente de que habrá más y peor. Y ni siquiera pude pensarte siempre que me lo propuse.

Aquel universo breve, ínfimo y estéril es mi único tesoro.

(Cómo supuran, se infectan y se llagan las grietas de la memoria).

viernes, 12 de diciembre de 2014

Y reprocharle al civismo sus descuidos.

Presentación, en Psicopompo, del libro Cómo cocinar el loto, de Ángel Manuel Gómez Espada (https://www.facebook.com/events/617697315001269/). 
Y cómo pasar un buen rato con amigos "de siempre", de esos que no se someten a la medida del tiempo.


Si no tuviéramos
arena en los zapatos
de correr contra el viento de querernos
mal y pronto
de untarnos
el bálsamo, el indulto, las cenizas.
La insistencia del fracaso.
Y lo pronto
lo inesperadamente pronto
que secaron las heridas.
Si comprendieras
lo inútil de los años
de los jóvenes besos que pagamos
a escote
al borde de la barra de algún bar
con nombre anglosajón
hasta las cejas
de alcoholes y de adeptos.
De todo lo que el lunes añoramos.
Esto que somos hoy y lo que esconden
las alegres ojeras y la usanza
los labios ya secos y la espuma.
Si fuéramos y fuéramos.
Si pudiéramos dolernos como entonces.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Présage.

Retomarás las buenas costumbres
las manías,
los usos censurados.
La palabra tachada
al borde del viaje.
La inercia de lo ilógico.
Lo probable.

Volverás a los orígenes de otros
en los tuyos.
La certeza de entonces.
La razón
de lo que no se ha vivido.
Lo que esconde la nostalgia
de los puentes sin orillas.

Hablarán en fin tus manos
de rutas, de viajeros,
de luchas, de alcoholes,
de despedidas.
Lo verosímil.
La vida creíble
que tú no conoces.

Quién sabrá
mañana
dónde quemaste las naves.



Vivir
es una huella.

Ada Salas


martes, 7 de octubre de 2014

Como si hubiera donde hacerse fuerte.

Pequeños conflictos de lunes:

el pulso al que me reta
lo que ya no me dictas
o cuánto hay de pasión
-de odio au to má ti co-
en este oscuro alivio
de tener qué sangrar,

la suma de las horas
que me siguen restando
y cómo se reparan
-o solo se calculan-
los daños que se eligen
al empezar el día.

Vivir. Ver.
Devolver
la forma de tu huida
a todas mis derrotas.



Si todo fuese así, si en el pasado
no fuera uno la estatua de sí mismo
en una plaza oscura y sin palomas
o el actor secundario de una obra
retirada de escena [...]

En contra del olvido - F. Benítez Reyes




martes, 8 de abril de 2014

Estructura de los labios incorrectos.

Me estaba esperando como se esperan la palabra precisa, el último tono de llamada y el despertar de la conciencia. Con afán y con amargura.
Cruzaba los dedos por detrás de las espalda y se deshacía la tarde. Pero nunca llegaba la noche a su lámpara de aceite. 
Había quemado las naves antes de pararse a pensar en las bodegas. Nadie le oyó decir infinito.
Mi nombre le lleva sin tropiezos hacia butacas rojas. A veces cuenta que nos conocimos en un cine.
Y es que hay en todo esto algo de último tango y otro poco de París.
Nos vieron juntos al filo de un futuro que terminaba en el prólogo. 
Una calle irregular y un mediodía en el invierno del sur, que es el mayor de los embustes.
¿De qué sirve, quisiera yo saber, 
conocer el sabor de tus victorias 
o cuánto tiene de crónico esta pérfida ausencia?
Allí nos intuimos. Como si en vez de detenerse en ese instante la vida hubiera seguido su curso irremediable (niños que salen de colegios, siempre intranquilos hombres de traje, trágico olor del sueño de otros). 
Me estaba esperando y yo creía en el azar.
Hay vidas que debieran ser la vida. 
Intensas largas vidas irreales 
con el sabor amargo de lo efímero
y el sabor venenoso del pecado.



tourmentée.