Llámalo como quieras.
-incluso alegría-
pero es tristeza.
domingo, 18 de octubre de 2015
domingo, 11 de octubre de 2015
Mi propia profecía es mi memoria.
Hablábamos como si nunca lo hubiéramos decidido. Como si nunca nos hubiéramos decidido. Entonces, te aseguro, nos curábamos las heridas con pasión e indiferencia. Habíamos llegado a hacerlo de memoria. Y nunca seríamos tan sinceros como cuando aún no nos dolía.
Supongo que pude ver en tus manos la espuma, el humo, las certezas, la resaca del tiempo compartido. Todas las víctimas, los cómplices, los escépticos. La suerte de lo que no se espera, lo duro del camino.
Ahora
que estamos de vuelta
con la fe congénita
de quien acaba de partir.
Supongo que pude ver en tus manos la espuma, el humo, las certezas, la resaca del tiempo compartido. Todas las víctimas, los cómplices, los escépticos. La suerte de lo que no se espera, lo duro del camino.
Ahora
que estamos de vuelta
con la fe congénita
de quien acaba de partir.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Gramática valencial.
Me río de Tesnière cuando te nazco
y al borde de tu vida te arrepiento.
Trueno, hago frío y hago tiempo que.
Pero antes de rendirte te amanezco.
y al borde de tu vida te arrepiento.
Trueno, hago frío y hago tiempo que.
Pero antes de rendirte te amanezco.
lunes, 21 de septiembre de 2015
Un arma tan precisa.
Y entonces,
como si nada hubiera sucedido
y no fueran nuestras rutinas
presagio de final de verano,
y no fueran nuestras rutinas
presagio de final de verano,
chocó contra mi espalda la metralla
que unas horas antes
le había estallado en la boca.
que unas horas antes
le había estallado en la boca.
viernes, 17 de julio de 2015
Estío. Hastío.
A veces me parece que hay algo de paz en todo esto.
Un no sé qué que me acompaña en mis horas más feroces,
como una sombra de camino a casa
ahora
que siempre vuelvo a horas decentes
y me saludan al paso las ficciones.
A veces me pregunto si no habrá algo de identidad en esta calma.
Una protesta, un himno, una mirada hacia adelante,
como si no tuviéramos bastante
hoy
cuando el éxodo es un lunes de septiembre
y el verano, un desfile de hojalata.
A veces me parece que hay algo de mentira en esta fuerza.
Un daño aparente, una tortura, un calvario para todos los públicos.
Un no sé qué que me acompaña en mis horas más feroces,
como una sombra de camino a casa
ahora
que siempre vuelvo a horas decentes
y me saludan al paso las ficciones.
A veces me pregunto si no habrá algo de identidad en esta calma.
Una protesta, un himno, una mirada hacia adelante,
como si no tuviéramos bastante
hoy
cuando el éxodo es un lunes de septiembre
y el verano, un desfile de hojalata.
A veces me parece que hay algo de mentira en esta fuerza.
Un daño aparente, una tortura, un calvario para todos los públicos.
miércoles, 15 de abril de 2015
Borrar o ser borrados, tanto da.
Y pienso: es extraña la
facilidad
que algunas ciudades
tienen
para hacernos creer que
ya son nuestras.
Víctor Martín Iglesias
Aún recuerdo cómo comenzó el asalto. Supongo que la vida, con sus cauces aparentemente naturales, ya me habría acercado antes a su desfiladero. Pero eso nunca lo sabremos: no queremos saberlo. La lluvia me sorprendió en el momento preciso: necesitaba una razón para inundarme. Si me esfuerzo en vencer lo selectivo de mi grata memoria, soy capaz de distinguir sus ojos entre todos los ojos que se me han clavado en la espalda. Ahora parece que permanecí todo ese tiempo en las cloacas: la ciudad estiraba sus márgenes allá arriba, afilaba las puntas de los tejados y apuntaba a las nubes. Daba cobijo a los viajeros y se dejaba hacer. Me acostumbré a mirarla a través de las ranuras, aprendí a unir todas sus piezas. Creí que no podría engañarme como al resto.
Por los años de asfixia os llevo ventaja y, sin embargo, sigo llegando tarde a las certezas.
miércoles, 25 de febrero de 2015
La vida va espaciándose otra vez bajo el cielo enrarecido.
Ya no será esta
la ciudad que te cuente.
No me despertará en la noche
el viento que se estrella
contra las tristes ventanas
de los alegres pisos de estudiantes.
Ya no será esta
la ciudad que me espere.
No encontraré en sus calles
una palabra que me salve
de mí misma y de todos
los que vinieron al rescate.
No librarán en mí su lucha.
Ya no será esta
la ciudad que me hiera.
No palpará mis grietas no sabrá
de un dolor semejante
a la inútil certeza de quien pierde
lo que jamás ha tenido.
Ya no será esta
la ciudad que nos ahogue.
No sabrán de resaca los lunes y los viajes
ni siquiera serán de ida y vuelta
y sin embargo sabré siempre
cómo encontrar el camino.
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