martes, 19 de febrero de 2013

Habrá que someter a referéndum la voz de los cajeros, la tristeza.

Quizás haya llegado el momento de contradecir -muy a mi pesar- la más famosa y explotada frase de la archiconocida Amélie. Quizás tenga que dejar de ser emblema de ocasionales cinéfilos y francófonos, quizás no merezca erigirse protagonista de más declaraciones tuenteras, exageradas y adolescentes. Y no sólo porque resulte hasta insultante, sino porque éstos sí son buenos tiempos para los soñadores. De hecho, es posible que estos tiempos no tengan mucho más que ofrecerte que la posibilidad de ser un soñador, de caminar hacia tus sueños, aunque, desgraciadamente, eso no quiera decir que vayas a tener la oportunidad de hacerlos realidad.

Allá por el año 2001, cuando vio la luz esta película, corría -demasiado deprisa y abocado a un final catastrófico- el tiempo de los sueños: sé bueno, esfuérzate en el colegio, estudia, sal menos, haz la comunión, lee más, no pelees con tu hermano, las esdrújulas se acentúan siempre, cómete los garbanzos, las matemáticas son necesarias para la vida diaria, ten buena letra, ¿cuánto es nueve por cinco?, aprende inglés, no bebas, haz deporte, no fumes, esfuérzate por subir esa media, sacrifica tu ocio, estudia día a día, ayúdanos en casa, valora el esfuerzo de tus padres, ten cuidado con el sexo, piensa en los que no han podido llegar hasta aquí, elige una carrera que tenga salidas y te guste, escoge una ciudad -la ciudad-, resuelve toda esa absurda burocracia, crece, ve a la Universidad. 

Lee más, piensa mejor, habla, escucha música de la que no puedas avergonzarte, fórmate, mantente a la altura, estás en un sitio serio, "esto no es el instituto" (imprescindible cierto tono despectivo), asiste a conferencias, ten interés, te verás recompensado, esfuérzate en coger apuntes, no estudies de memoria, participa en clase, expón tus fundamentadas opiniones, cuestiónalo todo, es tu futuro, saldrás de aquí preparado, no vale con vomitar la teoría en el examen, compara, analiza, reflexiona, sé universitario.

"En la universidad son más guapos", decía mi madre. Y ésa era la más pequeñas de las mentiras. Desde hace unos años, como si ella también se hubiera dado cuenta del engaño, no se atreve a repetirlo.