martes, 29 de enero de 2013

Y hacerle el boca a boca a tus indecisiones.

Aunque este invierno no sea
el invierno que soñé para nosotros
-y no hablo de faltas 
ni de lágrimas
sino del mal gusto meteorológico
de este enero insaciable-,
sí son esas las manos
a las que quiero huir
después de todos mis naufragios. 

Aunque le falten horas 
al reloj de tu cocina
y te encrespes como un gato
entre pitarras, café y galletas
cuando te sorprende el sol,
no tengo alternativa:
o nuestras pequeñas complicidades
-también las matinales-
o la ruina.

Aunque seamos incapaces
de contar hasta cinco
y no me tomes en serio
si son más de las doce
(por eso me estoy dando prisa)
no imagino un final más dulce
que saltar desde mi ayer
a tu mañana
y hacerle el boca a boca
a tus indecisiones.

Me trajiste el amor hasta los labios
y señalaste el verano sobre el mapa.
Es aquí, dijiste.
Supongo que pude ver en tus ojos 
que se estaba acabando la soledad
- de mi pecho se bajaba
un hombre gris con gabardina.

Marwan

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