martes, 1 de enero de 2013

Tenemos memoria, tenemos amigos, tenemos los trenes, la risa, los bares.

Cómo resistirse a hacer balance de otro año par cuando me veo, doce meses después, con más kilómetros en la maleta que memoria y fotografías. Comenzó 2012 sin pretensión de inolvidable y el serlo más se debe a adversidades que a buenas historias que merezcan ser contadas. Pero yo también sé jugarme la boca y al final, además, siempre gano. 
Mi memoria selectiva casi ha pasado por alto los crímenes perfectos que cometí, las tormentas que nos cobijaron alguna que otra madrugada, los planes que fueron papel mojado, las vidas que se estrellaron contra el asfalto y las que se van consumiendo junto a mis dudas, las sombras del cuento que nos contaron, lo oscuro de aquella calle sin salida, las páginas que leí sin empaparme, la calculada ausencia de lo prohibido y el tiempo perdido en tierra de nadie. Ha olvidado, incluso, quién fui. Y, como no acierta a comprender quién soy ahora, me estoy aprovechando. 
En el hueco inmenso que va a dejar todo eso de cuyo nombre estoy empezando a olvidarme pienso guardar para ese ya lejano 2012 un sinfín de buenos ratos que han calado tan hondo que no pueden hacerle sombra ni el doble de contratiempos. Para este año que empieza no es mucho lo que tengo planeado, nunca acierto, no me van los propósitos transitorios, sólo le pongo una condición: que no me falte nada, ni siquiera obstáculos que me recuerden que estoy viva; que tenga siempre billetes de tren y ganas, un buen libro y alguien con quien sentarme a mirar ese rincón del mundo que aún no conocemos; que haya poesía en la mesilla y en el día a día, compañeros de viaje tan incondicionales como hasta ahora, una voz amiga capaz de censurarme, nublados atardeceres de película y películas que nos iluminen; que existan para nosotros utópicas ciudades que inventar desde esa otra a la que tanto debo y no perdamos la ilusión que requieren todos los proyectos ni el color del que se han teñido mis tardes de domingo.



Tenemos naufragios soñados en playas
de islotes sin nombre ni ley ni rutina,
tenemos heridas, tenemos medallas,
laureles de gloria, coronas de espinas.

Tenemos caprichos, muñecas hinchables,
ángeles caídos, barquitos de vela,
pobre exquisitos, ricos miserables,
ratoncitos Pérez, dolores de muelas.

Tenemos proyectos que se marchitaron,
crímenes perfectos que no cometimos,
retratos de novias que nos olvidaron,
y un alma en oferta que nunca vendimos.

Tenemos poetas, colgados, canallas,
Quijotes y Sanchos, Babel y Sodoma,
abuelos que siempre ganaban batallas,
caminos que nunca siempre llevaban a Roma.



Más de cien mentiras - J. Sabina

10 comentarios:

  1. Sobre todo eso, que no falten obstáculos que nos recuerden que estamos vivos.

    No estuvo mal la noche, espero que tampoco la tuya. =)

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  2. Y palabras, muchas palabras de las tuyas:)
    Te quiero, un año más. Lo sabes.

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  3. me gustan tus condiciones (:

    las comparto.

    Espero que te pasen muchas cosas buenas este 2013,
    un placer haber encontrado tu blog!

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  4. Feliz año. Seguimos esperando tus entradas en este blog. Que las lecturas y películas te iluminen el camino. Y no olvides, como nos dijera Kavafis, que el camino es el premio, no la meta.

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  5. Y ojalá que mucha mucha poesía en la mesilla.
    Feliz año

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  6. Más o menos está leible tu blog . Espero que este nuevo año esté lleno de nuevos viajes en tu alma pero sobretodo este lleno de nuevas experiencias inexplicables por personas que no sean tú, amapolas verdes para tí.

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  7. Espero ser una "voz amiga" un año más y todos los que vengan, poder acompañarte en más de un viaje y... ¿censurarte? NUNCA. Apremio esas ganas tuyas de reir y te invito a ganar la batalla a otro año nuevo. Que el 2013 sea bienvenido al 8B de la C/Viena. Besos Pa ^^

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  8. Geniales esos obstáculos que nos ayuden a crecer:) Descubro tu blog y creo que volveré pronto:) Un saludo!

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  9. Que existan para nosotros utópicas ciudades que inventar desde esa otra a la que tanto debo y no perdamos la ilusión que requieren todos los proyectos ni el color del que se han teñido nuestras tardes de domingo.

    Además, aún hay noches y noches que esperan nuestros brazos, ese especial calor de dormir abrazados. Hoy existe la vida por nosotros, gracias pezezillo por haber existido.

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