jueves, 27 de diciembre de 2012

La mejor distancia es la mayor cuando un taxi es una ambulancia.

Ella no lo sabe. No, qué va a saber... Ni siquiera ha reparado jamás en los ojos negros de aquel muchacho atrincherado en la frontera, resistiendo con tesón a la adultinización. Unos ojos que la persiguen cada mañana desde hace apenas diez días pero que ya conocen todos sus gestos y adivinan su reacción ante cualquier contratiempo dentro del rojo autobús de la Línea 1. Ya lo decía su madre: el uno no era casual, el uno es para los mejores; para los de verdad.
A Carlos no le gustaba el uno, pero se aferró a la teoría materna con una fuerza que ya hubiera querido hace meses la noche en que aterrizó, sólo líricamente hablando, en aquella ciudad más al norte de la cuenta. La Línea 1, coincidiendo con la información sustraída de una vieja guía de la España Interior robada en alguna biblioteca, le llevó a las afueras; a un hotel Low Cost que pensaba permitirse un par de días. Pensaba.
Había tenido suerte, en su anterior destino consiguió un trabajo fácil y breve; que no quiere decir digno ni legal, sino sólo fácil y breve. Éste le había permitido ahorrar lo suficiente como para no buscar otro medio de sustento durante semanas. Por fin iba a emplearse a fondo en su viaje a todas partes y a ninguna sin beneplácito de familia y conocidos.
Y digo conocidos porque Carlos sólo tenía un amigo y, por supuesto, contaba con su aprobación; dada su condición de imaginario más le valía atenerse a las decisiones del mentor y mostrar, cuando menos, entusiasmo.
El caso era que Andy había preferido quedarse en casa, a cuidar de todos -palabras textuales- y Carlos se había lanzado solo a la aventura, instado por el título del manifiesto de la Beat Generation, On the road; que ahora reposaba en la mochila esperando la llegada al hotel para servir, junto a una cerveza bien fría, como cura de otra noche demasiado larga.
Quizás había sobrepasado ya el límite. No, quizás no; no cabía duda de que lo había hecho. Desde el momento en que la vio por primera vez había faltado a su dogma de viaje, ése de no permanecer atado a nada. Ni a nadie. Ése que llevaba enterrando diez efímeros días bajo una capa de deseo y curiosidad, de alcohol y amaneceres desde un rojo autobús de la Línea 1.

[...]

"...y eso sólo porque no podía quedarse en un sitio sin cansarse en seguida de él 
y porque no había adónde ir excepto a todas partes"

On the road - Jack Kerouac


Septiembre de 2010

Un amigo me animó a publicar viejas palabras
y lo que él dice no va a misa
sino a sitios mucho más verosímiles.

1 comentario:

  1. Pues aplaudo a tu amigo por los ánimos y a ti, por supuesto,por esta magnífica historia. Genial como siempre Pa =)

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