miércoles, 11 de abril de 2012

Y necesito, al menos, una noche entera para poner al día mis cicatrices.

No habíamos dejado un solo día de recordarnos que si seguíamos ahí, al pie del cañón, era por pura casualidad. Que, como nosotros, cientos de miles ya capitularon a cambio de algún parco cuento a corto plazo. Que no concebíamos mayor desacierto. Y sin embargo se me antojaba imposible olvidar esa presión en el pecho, ese vértigo en el umbral del futuro que esta vez había dado de lleno contra un presente que a duras penas podía firmar con mi sangre. Quizás hubiésemos pasado por alto todos esos altibajos de los que salir a gatas o por la puerta grande, o incluso de ambas formas, pues hay quien dice que no son incompatibles. Puede ser, también, que hubiésemos olvidado dejar herencia alguna a aquellos que algún día se lanzarán a este mar de vamosadarnostodoaquelloquenonosvaahacerfalta. El caso era que no había cómo escabullirse, que aquí y ahora, como tantas otras veces, sonaban a prestado; que echábamos de menos superfluos vicios y virtudes, de esos que odias cuando sobran -tal vez como pasa con todo- y por los que, en cambio, serías capaz de exiliarte a las antípodas.


Déjame solo conmigo,
con el íntimo enemigo que malvive de pensión en mi corazón:
el receloso, el fugitivo, el más oscuro de los dos, 
el pariente pobre de la duda, 
el que nunca se desnuda, si no me desnudo yo, 
el caprichoso, el orgulloso, el otro, el cómplice, el traidor.

Corre, dijo la tortuga  - Joaquín Sabina

2 comentarios:

  1. Encantado de tenerte de nuevo por aquí. Un placer leerte.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Hola!
    Soy seguidora de este blog desde no hace demasiado tiempo, por eso te he otrogado el premio: Liebster-blog.
    Muchos otros espacios blogger agradecerían que continuaras la cadena:
    http://elesconditedelosdelirios.blogspot.com.es/2012/04/liebster-blog.html
    Gracias.

    ResponderEliminar