sábado, 12 de noviembre de 2011

¿Quién limita al sur con mi esperanza?

Cuéntame un par de cuentos que me calmen, es lo que hacía yo conmigo. Dime que todo es mentira, que sólo quedan viajes de ida y vuelta y que a ti se te olvidaron las maletas. O deléitame con tus trampas. Inventa para mí los sueños que nunca serán nuestros, dile al portero que vas a quedarte hasta el final porque se han fundido las bombillas y nos asfixia el olor a despedida. 
Pídeme otra canción al final del concierto, firma conmigo algún armisticio adulterado y pongamos fin, al menos por un rato, a tanta decepción. Regálame adjetivos suntuosos y mírame con apetito, que me gusta creer que te estimulo. Bajemos el telón y digamos adiós a los actores, cadena perpetua para el apuntador y censura permanente a tus guiones. Oxigéname las venas con música de cañerías, tatúame en la espalda tu silencio y fingiré que no me duele. 
Aprenderé a quererte en el poco tiempo libre que me deja esta enajenación voluntaria, pero no me exijas más demostraciones. Sabes que siempre me gustó actuar, que no me incomodan las miradas traidoras si estamos a oscuras. Pero que me ciega la luz de sus pérfidas palabras, porque en ellas he dormido y estoy herida de muerte.

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