miércoles, 5 de octubre de 2011

Después de tanto tiempo me harté de esperarte y se cayó el letrero.

El título endiablado de las victorias pasadas y un par de madrugadas sin aval ni recibo nos devuelven, cada vez más a deshora, secuelas de alguna que otra infamia por la que nadie apostó. Quizá fallamos cuando, sin alianzas ni convenios de por medio, decidimos alquilarnos por un módico precio, usarnos, destrozarnos, devolvernos y olvidar la dirección. Puede ser, también, que guardar la copia de la llave del trastero que me facilita el sueño y te acerca a todo esto que nunca llevará tu firma sea el peor de los remedios. O la más grata de las enfermedades.

No quiero creer que llegará el día en que descubran cómo funciona este sucio e indómito engranaje que más tarde que pronto nos mezcla entre dientes y piñones y nos transmite una fuerza inusitada. No dejo de aceptar que tú y yo jamás querremos entender el mecanismo, que preferimos la comodidad de la distancia congénita o que descartamos hace tiempo desafiar lo inapelable. Que no sabemos dónde estamos pero sí dónde no vamos a estar, que no pensamos jugarnos ni los restos por un destino tan común como ficticio. 



Puede que todo siga igual.
También puede que no sea así
y encuentres el mercurio
de mi voz empapando tu contestador,
y florezcan los olivos en el valle de Hebrón.
Puede que te queme el hielo,
o la luz del televisor.
Una posibilidad existe
de que amanezcas conmigo
y los cañones se oxiden.

Principio de incertidumbre - Ismael Serrano

2 comentarios:

  1. Nunca te he dicho que hay veces que solo me encuentro aquí. Me ha vuelto a pasar, leer estas líneas, que a veces siento (tan) mías, me devuelve de lleno a la realidad y me da fuerzas para seguir entre la línea del sí y del no, del miedo y el rescate (ese que nunca hace gracia, pero que siempre, siempre necesito).

    "En todos los lugares te encuentro".

    :)

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  2. Por fin un poco sensatez en todo esto. Hacía falta.
    pd: genial, nada nuevo en ese sentido.

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