sábado, 13 de agosto de 2011

Tú eres tan amoral como yo. Pero no ejerces


A fuerza de papel y telediario por fin supimos que la vida es un devenir continuo de fortuna y tropiezos; e ingenuos nos creímos a salvo de toda turbulencia. Pero, como es menester, vamos despertando del sueño pueril, abandonando Nunca Jamás a regañadientes, dejando atrás Reyes Magos, ratones y tediosos balbuceos católicos; exigiéndole al día un poco de esa dignidad que hoy sólo duerme en los libros.

Pero difícil es el salto sin red al mundo de las primas de riesgo, el fraude por sistema y los días de asuntos propios cuando adviertes el olor a podrido de viejos manifiestos y ser fiel a uno mismo se antoja más que imposible. 

Difícil es abarcar las ramas del árbol caído, dejar a un lado el individualismo, formarse una opinión con fundamento en un país en el que se mata a la salida de un estadio pero se calla ante el declive. Fácil es conservar míticos prejuicios y absurdas instituciones, cuestionables manos tan cerca de la cima, odios de nacimiento y heridas de otro siglo; difícil asumir el papel y lanzarse a las calles, apretar el cinturón y no el gatillo, sentirse parte de las ruinas y empezar a construir. Difícil es deshacer pero es a la vez necesario, como lo es invertir en libros y no en batallas, en escuelas y no en faenas. Difícil es abrir los ojos y echarse andar si algunas canciones de Sabina van sonando a negocio y la tristeza ajena es la página más leída.

Y cuando, de repente, surge la chispa –miles de personas sintiendo, por una vez, que hacíamos algo verdaderamente útil más allá de horas y horas de estudio de memoria y alguna que otra acción reparadora de conciencias, gritando juntos en silencio, buscando aquella reconfortante mirada que se escapaba del último aplauso, de la última ilusión que compartimos– nos miran de lejos, nos traicionan de cerca, nos critican desde arriba y nos envidian los mismos que tantas veces nos creyeron fracasados. Nos mienten, nos fuerzan, pero, no cabe duda, hasta sueñan con nosotros: unos despiertan nerviosos entre sudor y juicios tajantes; otros dan vida a la querencia de aquella historia hoy no tan lejana.

A pesar de todo, el ser humano –tan simple, tan terrenal– parece tender irremediablemente a la farándula. Es cierto que algunos, me temo que los más, nos emocionamos con portadas de periódicos y fotos de concurso; incluso nos creemos capaces. Pero la vida ha vuelto a ganar con su inalterable curso, con sus horarios y sus planes. Avasallando la ilusión de poder ofrecer otra mirada, enalteciendo logros que apenas pasan del incordio. Haciéndonos perder el interés por levantar con arena tanto castillo en el aire, cenando en McDonald's antes de acampar, buscando nuestro rostro en la crónica del día. Sin más legado que un apodo irrisorio, un pacifismo loable e inútil, algún empleo a cambio de kilos de basura. Olvidando, con esta, todas las causas que nuestros padres quisieron perdidas. Cediendo, una vez más, ante el indiscutible poder de lo seguro.

Y somos irreductibles: no aceptamos la derrota jamás por cuenta propia, preferimos curarnos en salud puesto que, como dice Eusebio Poncela –Dante– en la película Martín Hache, no estamos de acuerdo con el mundo que nos ha tocado, no hay salida. No podemos cambiarlo, hay que aceptar las reglas del juego pero no nos sentimos culpables porque todavía somos capaces de soltar una lágrima por la revolución que no pudo ser.

4 comentarios:

  1. Increíble, me encanta cómo escribes,pero mucho más lo que escribes.
    "nos miran de lejos, nos traicionan de cerca, nos critican desde arriba y nos envidian los mismos que tantas veces nos creyeron fracasados. Nos mienten, nos fuerzan, pero, no cabe duda, hasta sueñan con nosotros: unos despiertan nerviosos entre sudor y juicios tajantes; otros dan vida a la querencia de aquella historia hoy no tan lejana."

    ResponderEliminar
  2. Y pensar que el que escribe puede disfrutar de ti y tus escritos...
    Bravo,has llegado al punto en que eliges la palabra justa para expresar la idea que cada momento necesita.
    P.O.B
    (que te quiere y admira)

    ResponderEliminar
  3. Cualquier palabra que pudiese añadir o decir no haría más que estropear lo que has escrito... =)

    ResponderEliminar
  4. "Cediendo, una vez más, ante el indiscutible poder de lo seguro"
    Y seguimos inventando paraísos artificiales.
    Me encanta.
    Yo, la sin cuenta.

    ResponderEliminar