viernes, 19 de agosto de 2011

Manual de instrucciones para cercenar por lo sano el desamparo.

Tú y yo hemos diseñado una guía particular de viajes: tenemos -cada uno- un sinfín de rutas que corren paralelas y, aunque lleguen a la misma terminal, nunca lo hacen a la misma hora. Nos hemos comprometido, sin acuerdos firmados de por medio, a cedernos el paso en los posibles cruces; a no entrar a la vez en las rotondas ni usar jamás el claxon. Además, en los próximos nueve mil ciento veintinueve años yo iré al supermercado los lunes, tú los viernes; yo descansaré los sábados para que puedas campar a tus anchas por esta ciudad con pretensiones y veranearé la segunda quincena de julio, mientras que tú elegirás la primera de septiembre acosando hasta la intimidación los treinta y un días de un agosto que molesta e importuna. 

Tampoco habrá peligro en las multitudinarias celebraciones de diversa índole: para ti quedan reservadas las finales de cualquier campeonato deportivo, los viernes de feria en un radio de 150 kilómetros, el primer y último día de piscina y los restaurantes caros. Yo optaré por conferencias y coloquios, sábados, mañanas en el agua y paseos de 8 a 11. Quedan rigurosamente prohibidos conciertos, heladerías y bancos a las afueras; con o sin compañía.

Pese a este entramado de vetos y mandatos, los primeros pasos no serán fáciles; supongo -no es tan extraño- que coincidiremos a menudo al repostar, empujados hasta allí por una especie de inercia redentora: yo preferiré disimular dedicando un rato exagerado a los paquetitos de gominolas mientras tú, veloz y sigiloso, dejarás el dinero en el mostrador y olvidarás recoger la vuelta. Segundos después yo repetiré religiosamente la misma operación y cuando apenas hayan pasado unas semanas las bolsas de Haribo no dejarán ver el asiento de al lado. Acabará por ser el mejor de los remedios ante tanto abandono.

Durante el periodo de adaptación -calculo dos, quizá tres meses- lo más complicado será distribuir sin clemencia alguna compañeros de viaje que no vamos a compartir y despiezar los restos intentando no tocar cartílagos ni nervios, conservando alguna porción comestible. 

Cuando pasen los años, el peso de los equívocos parecerá hasta liviano y nos estaremos recuperando con más o menos suerte de un par de encontronazos fulminantes; aun sabiendo que en cuestión de desarraigos voluntarios el retorno de las tropas es algo más que probable.



Si vuelves a pensar en mi
ya no estaré cubriendo aquella ruta
ni haré una hoguera con tu corazón.

Si vuelves a pensar en mi
si pienso en ti como en ninguna
te quedarías con la duda también.

Noches más duras
han de venir
 
riesgo y altura 
[...]




Riesgo y altura - Quique González

3 comentarios:

  1. Enhorabuena. Escribes muy bien. Tenemos gustos similares. Me alegra que hayas entrado en mi blog, y mucho más me alegra haber entrado yo en el tuyo.
    Felicidades por tus entradas. Respiran transparencia, verdad y, sobre todo, ausencia de narcisismo, algo que detesto en los blogs.
    Un saludo
    PPK.

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  2. Me gusta como escribes.
    Tienes un algo que engancha.

    Me pasaré de nuevo, no lo dudes!

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  3. Sencillamente genial, de verdad, me gusta mucho lo que escribes y como te curras el desarrollo de las ideas y emociones.

    Sencillamente genial!

    "Cuando pasen los años, el peso de los equívocos parecerá hasta liviano y nos estaremos recuperando con más o menos suerte de un par de encontronazos fulminantes; aun sabiendo que en cuestión de desarraigos voluntarios el retorno de las tropas es algo más que probable."

    Sensacional.

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