domingo, 5 de junio de 2011

Cuánto gané, cuánto perdí

Me pregunto si ahí, como en Madrid, seguirá lloviendo igual que cuando partimos. Ahora, cuando acaba de amanecer en esta orilla, no quema el sol pero lo hace el recuerdo; quizá no herido, con certeza empeñado a cambio de un par de borradores. Ni las fotos que ya no tienen cabida, ni las frases que no colgaré encima de la cama, ni las promesas que tanto fraguaron, ni la enajenación más compartida que deseada, ni tú, ni yo, ni siquiera nosotros derritiendo el mundo al tararear la melodía del desánimo. No queda sino el recurso a la presunta predisposición de los años, los trenes y el azar; poco podemos hacer desde esta cómoda nostalgia que posterga y capitula.


 
 
Bebo, apuro desperdicios de mi vida,
me recojo en la templanza de la tregua que me da
la anestesia del recuerdo.

Lápiz y tinta - El último de la fila

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